"El agua, el estero, el fondo y la tierra; ahí la imagen viva de mi ser, esa imagen pura que no tiene maldad absoluta, y me miro, me miro y sigo sin saber que es..."

He caminado en Levendet tarde tras tarde tratando de reencontrar los apasionantes motivos que me llevaron a perderme en tus miradas, con las confusiones frecuentes de mi alma y la añoranza del saber que me amas, aún.

¿Dónde vi la inocencia de la maldad?

La retórica del ser es encontrarse, pero vive día a día encontrándose así mismo sin sentirlo, sin tenerlo, sin temerlo. Es el sentimiento de estar -como en un sueño- dentro del momento, pero lejos, muy lejos, en un lugar aparte, en una opresión silente y en un falso paraíso; Tu.

Y yo te amé, y yo te amo.

Descubrí en ti, ese algo que no se tiene siempre, ese candor y ese amor carnal que vive en nuestras mentes; ese eterno sentimiento de felicidad con solo estar entre tus brazos, miradas y en tu alma.

Y nunca te olvidé.

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